Ruido de fondo


Ahora mismo, mientras lees, hay sonidos que no estás escuchando. El zumbido de la nevera. Un tráfico lejano. El tono con que respira el edificio. El oído los registra y la atención los archiva como "nada", porque llevan ahí tanto tiempo que han dejado de ser interesantes.

Cada lugar suena distinto y rara vez lo notamos. Una ciudad del sur no suena como una del norte: cambian los pájaros, los materiales, las horas a las que la calle se llena o se vacía. Hay quien graba estos paisajes sonoros antes de que desaparezcan; sí, también desaparecen, como el olor: el sonido de un oficio, de un mercado, de un barrio entero puede extinguirse sin que nadie lo eche de menos, porque nadie lo estaba escuchando.

Escuchar se educa. Separar un sonido y prestarle el tipo de atención que solemos reservar para lo que miramos. El oído es perezoso por defecto y se le puede despertar.

Me costó mucho aprender a disfrutar de apagar la música y permanecer en el sitio donde estoy. No en el silencio, que no existe, sino en todo lo que es y antes ignoraba.


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