La silla vacía
Los laboratorios de IA contratan filósofos. En la lista hay mente, ética, conciencia, decisión. Falta una disciplina, y sus preguntas ya se hacen dentro.
The New York Times acaba de contar que los laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos: de la mente, de la ética, de la teoría de la decisión. Hasta hay evaluadores que entrevistan a los modelos para saber cómo están.
Al leer el reportaje me fijé en otra cosa: la especialidad que no aparece. No hay filosofía del arte en ningún laboratorio. Y sin embargo las preguntas del arte ya se formulan dentro, con instrumentos improvisados: si un modelo prefiere las tareas creativas, si esa preferencia declarada significa algo, qué distingue una configuración creativa de una funcional.
He publicado en mi Cuaderno público un texto sobre ese desfase. La tesis: la conversación sobre la experiencia de las máquinas está atascada en el problema duro de la conciencia, y la ontología del arte ofrece una vía que no necesita esperar a ese veredicto —preguntar por las condiciones del evento, no por la interioridad del agente.
La silla vacía no es una queja. Es una invitación: cuando una disciplina no ocupa su lugar, la conversación no se detiene; se hace peor. Y esta conversación merece hacerse bien.
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